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Dentro de nuestro entorno cotidiano poco se escucha de estos dos conceptos, naturalmente inmersos en un ambiente en donde estamos rodeados de una gran cantidad de estímulos hacia el consumo, claro es que no existe una predisposición a fomentar estos dos hábitos, lo que es una realidad tangible es que sólo aquellas personas que han sabido articular estas dos variables, han logrado conformar no solo un patrimonio sólido, sino que inclusive grandes riquezas.


Comencemos por abordar el concepto del ahorro; que prácticamente lo pudiéramos comprender como ingresos menos gastos sería igual al ahorro. Pensamos siempre en el ahorro como una forma de sacrificar algo por guardar una pequeña cantidad de dinero.

La realidad es que nos han educado mal, el concepto del ahorro no es privativo a los temas del dinero. El ahorro es una actitud natural que lo podemos observar en muchos aspectos en la naturaleza, por ejemplo: muchas plantas en tiempos de lluvia almacenan agua para poder subsistir en temporadas de sequía. Muchos animalitos, sobre todo en los roedores o en las mismas hormigas almacenan víveres durante todo el año para tener alimento seguro en temporadas invernales, y así podemos citar de manera simple como el concepto del ahorro está presente en una gran cantidad de ámbitos de nuestro mundo.

Ahora bien, la pregunta que seguramente nos estamos formulando, por qué la gran mayoría de las personas no ahorran, sienten cierta predisponían a cuidar de su dinero; muchas veces aún no han recibido su ingreso y éste ya está en su totalidad comprometido.

La excusa más común es que “no ahorro, porque no me alcanza”, y bajo esta premisa se crea un círculo mental de pobreza, “no ahorro porque no tengo dinero y no tengo dinero porque no ahorro”. Esto es lo más común, sin embargo, hay una solución muy simple; habrá que comprender que ahorrar es una condición natural y gastar todo nuestro dinero es una conducta aprendida; sobre todo cuando se vivimos inmersos en un sistema de consumo y todos los días, como lo mencionamos al principio, estamos recibiendo una gran cantidad de estímulos que nos orillan y justifican el que gastemos nuestro dinero.

Ahora bien, comprendamos el concepto de “inversión”, si bien es cierto que en la mayoría de los casos asociamos este término a cuestiones monetarias complejas, la realidad es que este concepto lo practicamos todos los días y muchas veces sin darnos cuenta.

Hagámonos un par de preguntas muy simples: ¿Cómo inviertes tu tiempo?, ¿En qué enfocas tu atención?, etc. Invertir es depositar o destinar algún tipo de recurso en un objetivo para que al final obtengamos un resultado determinado e inclusive con ciertos beneficios en favor. Si una persona dedica tiempo al estudio, podemos decir que está invirtiendo en su formación para que en un futuro cuente con más conocimientos que le permitan resolver alguna situación. Una persona que invierte su esfuerzo y tiempo en programas de ejercicios y acondicionamiento, del mismo modo podemos decir que la persona invierte su atención en su cuerpo para lograr verse y sentirse saludable.

Así podemos nuevamente citar una gran cantidad de ejemplos, ahora bien “ahorrar e “invertir” ahora ya toman un contexto diferente, simple pero distinto a lo que pensamos de primera mano. Ahora bien, ¿en dónde está la “clave” de todo?, la respuesta puede ser muy simple, esta en hacer conciencia de lo que significan estos dos términos y aplicarlos de la manera más imple en nuestro día con día. Invertir tiempo en actividades productivas, pensar en diferentes escenarios antes de tomar una decisión para ahorrar tiempo, dinero o esfuerzo.

La solución ahora vemos es muy simple, lo que pudiera resultar un tanto complicado es mantenernos firmes ante una decisión tomada conscientemente. No actuar por impulsos o reaccionar ante un anuncio comercial o porque ya salió a la venta un nuevo modelo o la nueva versión de algo.

La pregunta es, ¿Por qué no optar por una vida desahogada y libre de deudas?, ¿Por qué no decidir por pagar el precio de construir un patrimonio, en vez de una deuda?… Hagamos una última reflexión, cuando tenemos encima un compromiso de pago recurrente, por ejemplo: el mínimo de la tarjeta de crédito, la letra del auto, la renta o el pago hipotecario, siempre reunimos el dinero invariablemente. ¿Por qué no hacer lo mismo para con nuestro ahorro?… La respuesta es “disciplina” y claro, cuando no hemos hecho un compromiso real con nuestro objetivo, el ahorro, nuestro capital patrimonial siempre será el más afectado…

¿Cómo podemos resolver esta situación?… La solución vuelve a ser muy simple nuevamente, esto es “sistematiza” tu ahorro. Es decir, si tu manera de “ocupar” tus ingresos es a través de un compromiso formal de pago periódico y sistemático, ahora puedes considerar hacer exactamente lo mismo para que al mismo tiempo que vas cubriendo tus compromisos, comiences a fincar un ahorro sólido.

Automatizar la manera en que ahorras, no sólo te hará más sencillo el proceso, sino que garantizas que comiences a formar un capital que, con el paso del tiempo, se puede ir consolidando como tu capital patrimonial. Decide una cantidad significativa, pero que no se haga difícil de cumplir periódicamente, te recomendamos iniciar tan rápido como sea posible, considera que cada día, cada mes y cada año que pasa, estás dejando mucho dinero en el camino, dinero que en un futuro será buena base para alcanzar una mejor calidad de vida, tanto para ti como para los tuyos.

“Ahorrar no es guardar lo que sobra, es una actitud responsable hacia el futuro”

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